“Bienaventurados los pobres en espíritu. Porque de ellos es el reino de los cielos”.

¡Saludos queridos hermanos!

Esta es mi primera entrada, en este nuevo año de 2026. Y qué mejor manera de empezar qué trayendo a la memoria esta hermosa promesa de Cristo: “Bienaventurados los pobres en espíritu. Porque de ellos es el reino de los cielos”. (Mateo 5:3)

Lo he comentado varias veces en este sitio, y en muchas otras entradas lo encontrarán: cuando me propuse crear esta página, hace ya más de 15 años, me dije a mí mismo que me inspiraría en mis propias luchas a lo largo del camino de la fe.

Y lo que aquí hago es, no sólo dar mi punto de vista sobre asuntos de fe, sino también contar mis experiencias y luchas, y cómo he vivido la palabra de Dios a lo largo de estos años.

¡Qué profunda misericordia y cuánta bondad inmerecida de parte del Señor contiene este versículo!

¡Cuántas veces he venido de rodillas a Dios cansado de mis fracasos, harto de mi propia impotencia, con llanto y lágrimas, que sabe el Señor, no eran de hipocresía!

He llorado, he prometido cambiar, he tratado de exigirme todo lo que pude soportar, y siempre he tenido que venir a Dios con las manos vacías, sin nada, absolutamente nada, sintiendo, mejor aún, SABIENDO, que mis propios esfuerzos no son suficientes, que no tengo logros espirituales que ofrecer, que no tengo ningún mérito para exhibir…

Hermanos, entender estas palabras del Señor Jesucristo trae muchísimo consuelo a nuestras cansadas almas.

La “pobreza de espíritu” no es humildad fingida, no es adorno decorativo, no es baja autoestima, no es ‘escudarse’ en la propia debilidad e impotencia personal, y vivir dando rienda suelta al pecado, por “pura debilidad”. ¡NO!

La “pobreza de espíritu” es el RECONOCIMIENTO TÁCITO DE QUE YO NADA PUEDO OFRECERLE A DIOS… en mis ‘mejores días’, mis ‘mejores obras’ están manchadas de pecado como un trapo sucio… sea por orgullo, presunción, arrogancia o lo que fuera.

Hermanos, nacemos inclinados al mal, vendidos al pecado, esclavos de él, y no hay día en que el error, de una u otra forma, no esté mezclado con nuestras acciones, por más ‘piadosas’ qué puedan parecer.

“Darnos cuenta” de esta realidad es sólo el primer paso. Tomar conciencia, sí, como dicen los adeptos a la nueva era, más tomar “conciencia de la propia miseria y la debilidad” de nuestra vida sin la GRACIA Y LA MISERICORDIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

Venimos a este mundo “desnudos”, pero está desnudez no es sólo física, es una desnudez qué evidencia la carencia de toda vida espiritual, de toda conciencia moral y de la voluntad de Dios y su diseño y propósito para nuestras vidas.

Cuando somos un poco más grandes y empezamos a conocer ‘algo’ de una vida espiritual “según el mundo” (sin Cristo), caemos en el error de pensar que, si ‘despertamos’, como dicen, ‘seremos suficientes’, de que ‘en nosotros’ está todo lo que necesitamos para ser felices y dueños de nuestro destino y nuestras vidas…  Saben, yo no culpo a los adeptos de la nueva era por las conclusiones de sus enseñanzas, sí las rechazo, pues NO SON EL CAMINO A LA VIDA ETERNA.

Pero no los culpo, pues entiendo que ‘buscar’ la verdad, la iluminación y la libertad, por nuestra propia cuenta, tiene como consecuencia lógica, terminar creyendo en cualquier cosa.

Buscando luz, cayeron en el error y bebieron el veneno de serpiente antigua. Y la serpiente dijo: “Seréis como Dios conocedores del bien y del mal” (Génesis 3:5).

Hermanos, el gran drama de la vida humana, es que cuando nos ‘hartamos de meter la pata’, queremos cambiar la pisada. Comenzamos a desear un cambio de rumbo en nuestras vidas, pero el ‘mundo’, con toda su vitrina de excentricidades y deleites, vanaglorias y soberbias, nos presenta siempre, un “camino alternativo”. Más ‘suave’, más ‘condescendiente’ con nuestro pecado favorito… y muchos deciden tomarlo y son ‘alabados’ por la mayoría, porque he notado que en una ronda de personas conocidas, basta con que alguno diga que comenzó a practicar mindfulness (meditación), o el otro se hizo budista, o mengano empezó clases de reiki, para que los muchos aplaudan…  pero basta con que uno sólo diga que se bautizó y ahora desea morir al mundo y vivir para Cristo, para que la gran mayoría ponga cara de desaprobación, de disgusto, como si asumir la fe cristiana fuera motivo para el escándalo y el escarnio públicos…

¡Cuánta razón tenía Jesucristo! “Si el mundo los odia recuerden que a mí me odió primero” (Juan 15:18)

Pero, vuelvo a repetirlo, no condeno (no soy Dios para condenar a nadie), a quienes buscan cómo sanar sus heridas, aunque el camino por el que eligieron ir solo puede traerles, más temprano de que tarde, muchos más disgustos y sin sabores. Pues todos de una manera u otra, estamos buscando sanación, alivio, consuelo, sentido y propósito para nuestras maltrechas vidas.

Y para mí, este sentido y propósito, este ‘despertar cristiano’ sólo se encuentran cuando conocemos y somos conocidos por Jesucristo.

Aunque intuyo el porqué de tantos caminos alternativos: en el fondo, la mayoría piensa que la fe cristiana es “castrante”. El cristianismo es una fe “opresiva” qué busca eliminar todos los placeres de la vida… eso es lo que piensan.

¡Pero que equivocados qué están!

Cristo no vino a “reprimirnos”, tampoco a “oprimirnos”. Dios no vino a “destruir” nuestros deseos legítimos, no vino a apagar el “hambre” de amor, de vínculo, de plenitud…

¡Vino a gobernarlos!

¡Vino a redimir todo lo que la caída deformó!

No se trata de ‘no sentir deseo’, no se trata de ‘reprimir’, ‘castrar’ los sentimientos, las emociones. Se trata de darnos “Verdadera Libertad” y  “Verdadera Identidad”. Para que nuestros sentidos e impulsos no nos dominen, para que la “carne” y sus concupiscencias sean puestas bajo el dominio de su Espíritu Santo.

Mas, amparados en esta ‘confusión’, muchos se dejan engañar por los “gurús” de la nueva espiritualidad moderna…

Pero sopórtenme aún un poquito más: el “despertar” cristiano al que me referí más arriba, es también, y en línea con el versículo que da nombre a esta entrada, un golpe mortal a la confianza en las propias obras, un golpe letal a la autosuficiencia, un disparo fulminante al corazón mismo del merecimiento personal…

Hermanos, el verdadero “despertar cristiano” comienza cuando ‘entendemos’ qué Nada hay en nosotros que nos sirva como prueba de nuestra devoción, mejor aún, como prueba de “merecimiento” de nuestra salvación.

Y esta realidad espiritual se empieza a ver con los años, es un proceso, un caminar diario con Cristo, un horizonte que comienza a verse a lo lejos, como la aurora que precede al amanecer, como un día que se va haciendo más y más claro (Proverbios 4:18).

Tenemos que ser “conscientes” de nosotros mismos, de nuestras limitaciones, falencias y debilidades.

De aquí se vislumbra la misericordia de Dios al decirnos: “Bienaventurados los POBRES DE ESPÍRITU”.

No somos bienaventurados por que somos ‘pobres’, no somos bienaventurados porque somos ‘débiles’, no somos bienaventurados porque somos miserables, indignos…

Somos Bienaventurados porque hemos dejado de CONFIAR EN NOSOTROS MISMOS.

Porqué NO TENEMOS DONES con qué presentarnos frente al Señor, porqué ya no pretendemos IMPRESIONAR A DIOS, ni pretendemos SOSTENERNOS A NOSOTROS MISMOS…

El “pobre en espíritu” no se “apoya” en su propia justicia y por eso el Reino le pertenece.

Por eso hermanos la pobreza de espíritu es el FIN DE LA AUTOSUFICIENCIA, es el momento en que ENTIENDO (nuestro problema es un problema de entendimiento), que Cristo ya lo hizo TODO, y Yo, ya he recibido TODA BENDICIÓN ESPIRITUAL JUNTAMENTE CON ÉL, EN LAS REGIONES CELESTIALES (Efesios 1:3).

Para los pobres de espíritu NO HAY CAMINO ALTERNATIVO, no existe la AUTOSALVACIÓN, ni tampoco la CONFIANZA EN SUS PROPIOS MÉRITOS. Para los Pobres de Espíritu, la única salida, el único camino, la única puerta, el único que puede dar Verdaderamente Vida y Libertad, es SÓLO NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

Dios los bendiga a todos ustedes. Amén.

Fernando Acuña.

 

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