“¿Qué es el perdón?”

“El perdón es la liberación del odio, del resentimiento mezquino, de todas aquellas cadenas que nos condenan a vivir oscura y amargamente; el perdón nos permite, una vez purgados nuestros sentimientos, llevar una vida libres de cargas, culpas y acusaciones vacías que envenenan a diario nuestra corta existencia”.

Las ‘frases hechas’ no sirven de mucho para que una persona pueda entender, en profundidad, el asunto que es tratado en tan pocas palabras…

De hecho hermanos, la frase en cuestión parece muy hermosa, transmite muchas verdades y suena muy bien al oído, más… Para mí, para mi manera de ver y entender el perdón, y por experiencia propia lo digo, esta frase carece de dos palabras claves, e inseparables una de otra: la primera palabra es Jesucristo, la segunda es el Amor.

No voy a discutir de ninguna manera que perdonar no signifique liberarse de odio, de resentimiento, de prisiones de oscuridad y amargas cadenas de aflicción. No lo discuto pues es la verdad: ¡perdonar es estar libre de todo esto!

Sin embargo ahora les pido que escuchen mis ‘reparos’…

¿Por qué tengo reparos?

Porque, primero, creo el hombre «no es capaz» de perdonar a nadie sin la ayuda de Jesucristo. Estoy convencido de esta ‘verdad’ y me basta con mirar los ‘resultados’ de dicho perdonar… veo que lo que muchos (inclusive ‘cristianos’) llaman «perdón», no es más que una “falsa amnesia”, un “olvido fingido”, porque pretenden auto engañarse repitiéndose a sí mismos que han olvidado la ofensa, el daño, la herida…

¿Y con qué base puedo afirmar que el ‘perdón’ de muchos no es sincero?

Reparen nada más «cómo actúan» con quiénes han ‘perdonado’…

Muchos dicen haber perdonado mas no levantan la cabeza para mirar a los ojos a quienes les han provocado dolor o sufrimiento. Más aún, ni siquiera les ‘hablan’ a aquellos que dicen ‘haber perdonado’ y olvidado las ofensas pasadas… Y si por acaso les hablan, la frialdad domina la escena, la distancia que ponen entre ellos y su ‘antiguo malhechor’ es infranqueable…

Entiendo, y por experiencia propia lo digo, que el dolor que provocan las acciones deshonestas de aquellos, en quién primeramente confiamos, es muy difícil de superar. Personas en quienes confiábamos nos han dejado una herida muy difícil de sanar, humanamente hablando… Lo sé porque lo he vivido y pase muchos años de mi vida amargado y con rencor de personas muy cercanas a mí, sin entender el por qué de tanta impotencia para perdonar de veradad… ¡Y esto lo provoca el rencor acumulado con los años!

Y ¿quieren saber cómo sané? ¡Le pedí a Jesucristo que me sanara Él mismo!

Porque yo no podía olvidar, yo no podía libertarme a mí mismo de esas pesadas cadenas de resentimiento acumulado. No podía dejar de lado la desconfianza y el recelo que sentía, y a eso le sumaba que yo sabía que la otra persona a la que yo ‘quería perdonar’, «aún me odiaba…», aún buscaba acecharme para hacerme mal… Y realmente no podía perdonar, pues me di cuenta que lo que hacía con «mis propias fuerzas» no era perdonar, no era un ‘verdadero perdón’, sino ‘olvido voluntario’, fingimiento, auto engaño… Tal vez piensen que es más fácil perdonar cuando la persona que los hirió ‘viene voluntariamente’ a extenderles la mano y ofrecerles unas sinceras disculpas… ¿pero ya perdonaron en sus corazones a quién saben que aún los odia sin causa? ¿Ya pudieron perdonar en sus corazones a esa persona que, aún lastimándolos, no se personó ante ustedes para pedirles su perdón?

No hago distinción de personas aquí, tanto da si quienes nos hirieron son «cristianos» o gente que «está afuera» de la iglesia, tanto da si fue tu pareja o un hermano de sangre, o un amigo, o tal vez de esos tantos que están más allá de toda razón y sentido común, y se dedican a vivir para «hacerles mal» a las personas por placer… ¿Ya pudiste perdonar de corazón a quién quiera que te haya hecho mal?  ¿Ya pudieron perdonar a quiénes les han hecho mal sin causa alguna? ¡Miren que hay miles así! ¡Hacen mal por placer! Pero ustedes ¿han perdonado con «sus propias fuerzas espirituales» a personas así?

¡Yo estoy convencido que no!

Y estoy convencido porque me miro a mí mismo y sé que, antes de conocer a Jesucristo, yo no poseía ese poder espiritual para otorgar un perdón de esa magnitud.

Es más, yo no conocía el «verdadero perdón»…

Esta disposición del ánimo es contraria al ‘hombre carnal’; el hombre carnal no perdona, el hombre que ‘no ha nacido de nuevo’ no puede perdonar, el hombre que ‘está alejado’ de Jesucristo está él mismo muerto en transgresión, odio, resentimiento y pecado, y por lo tanto, no puede «perdonar de verdad».

Y esto era yo antes de que Cristo Jesús me salvara y me libertara de todo aquello que me aprisionaba. ¡El odio y la dureza de corazón entre las tantas cadenas que me condenaban!

Por eso lo grito a los cuatro vientos, ¡El hombre que «no conoce» a Jesucristo está muerto y no tiene poder para libertarse de todas aquellas cadenas que atan y esclavizan a quienes están alejados de Dios! ¡La falta de perdón, la incapacidad de perdonar entre ellas!

Hermanos: sin conocer a Jesucristo no se puede entender la «profundidad» de la palabra perdonar. El hombre no entiende el verdadero significado del perdón, pues perdonar no es olvidar la ofensa, no es disimular el dolor haciendo ver que nada ha pasado y luego ‘ignorar’ a esa persona que nos causó sufrimiento y nada más…  eso, que la mayoría de las personas hacen, no es perdonar…

Perdonar es dejar atrás la ofensa y dar lugar al triunfo del amor en nuestros corazones. Perdonar no es solo olvidar lo sucedido, es «volver a amar a quienes nos han hecho sufrir». Perdonar es arrancar de raíz de nuestro corazón, la planta venenosa que ha crecido durante años, alimentada por el odio y el resentimiento, y volver a reencontrarnos con aquellos que durante tanto tiempo estuvimos separados, muchas veces por diferencias estúpidas…

Hermanos, solo el amor de Cristo nos puede hacer perdonar de corazón y efectivamente a alguien.

Solo cuando conocemos a Jesucristo entendemos qué significa perdonar. ¿Qué significa la salvación nuestra sino el «perdón» de nuestros pecados y ofensas?

Antes de conocer a Jesucristo, estábamos muertos en ofensas y pecados, éramos sus enemigos, hijos de ira, vasos hechos para destrucción… Mas vean ustedes hermanos el “Amor” de Jesucristo manifestado en “Perdón”: «Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe». (Efesios: 2:1-9)

¿Entienden ahora hermanos qué es el verdadero perdón?

¡El perdón verdadero está unido íntimamente al amor! ¡Y el amor a Jesucristo!

Jesucristo no sólo nos perdonó, sino que continuó y continúa amándonos cada día. No nos perdonó y se alejó de nosotros para no volver a vernos, no; nos perdonó y continuó amándonos.

¡El perdón es el triunfo del amor! ¡Es el triunfo de Jesucristo!

El perdón es obra de Cristo en nuestros corazones, pues así como Él nos amó y perdonó, Él también quiere que sus hijos se amen y perdonen sus ofensas unos a otros.

Hermanos: Jesucristo murió una muerte horrible en la cruz por nosotros, sufrió hasta el final y en agonía estuvo su alma, por nosotros, y dice la biblia que aún siendo nosotros sus enemigos, Él igualmente dio su vida por su pueblo. ¡Vean qué es perdonar de verdad!

¡El que ama de verdad perdona y su amor dura para siempre! Pues el corazón que perdona de esta manera incondicional, fue antes sanado y preparado por Jesús.

No se confunda la iglesia de Cristo. El que dice que perdonó de verdad y de corazón a su enemigo, mostrará los frutos de su perdón, con el trato que dispense a quienes en el pasado les hacían daño.

Perdonar y dar vuelta la cara no es perdonar.

Perdonar e ignorar a la otra persona no es perdonar.

Perdonar y no hablar a quién nos perjudicó y se arrepintió no es perdonar.

Perdonar es volver a amar, volver a abrazar, volver a sonreír juntos.

Perdonar es volver a vivir, es volver a tener paz, una paz sincera y agradable al corazón.

Ojalá el hombre pueda entender que sin Jesucristo no existen el verdadero amor ni el verdadero perdón. Amén

Los saluda un hermano de Fe.

Fernando Acuña.

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